La pista del color

Es habitual que en el vino se hable y escriba mucho de los aromas y los sabores. Pero se profundiza poco sobre el color y las muchas pistas que puede ofrecer. Probablemente porque las condiciones lumínicas habituales son bastante malas para advertir todos los detalles. Profundizaremos más adelante sobre este asunto. Lo ideal para descubrir todos los matices cromáticos es una fuente de luz fría que se coloque por debajo de la copa para que desnude el vino y sus tonalidades. Lo más cercano sería poner la copa sobre un fondo blanco y con una intensidad de luz alta.

Si nos centramos en los tintos, lo primero es definir la capa: alta para los muy oscuros, baja para los más claros y media. Como ya comentamos en otra entrada la capa es la intensidad del color en el vino. Hay un truco, muy divertido, que proponemos desde elsaUcacorchos para adivinar la capa. Cogemos la copa de vino, la ladeamos y ponemos debajo nuestro reloj. Si la capa es alta, a través del vino no podremos ver nada. Si la capa es media, podremos ver los números que marcan las horas; y si la capa es baja podremos ver tanto los números como las manecillas del reloj. No tiene precisión científica pero funciona y es una manera sencilla y divertida de poder definir la capa de un vino.

Lo ideal para descubrir todos los matices cromáticos es una fuente de luz fría que se coloque por debajo de la copa para que desnude el vino y sus tonalidades.

En cuanto a los tonos, cuando un vino es de capa alta o media alta y en el ribete o menisco aparecen tonos morados, azulados y sobre todo rosa fucsia podemos deducir que se trata de un vino joven. Además, casi todo el vino tiene la misma tonalidad. Esta foto es un ejemplo:

Los vinos más maduros no tienen esos tonos tan alegres y tenderán más a burdeos y matices terrosos. Si un vino es de capa media o baja y el ribete es color teja estaremos casi con seguridad ante un vino gran reserva.Los tonos anaranjados en el ribete son una pista de que estamos ante un vino ya con años y que ha sido trabajado durante un mínimo de 12-18 meses en barrica. Además, aparecerán distintos colores en el núcleo central, las zonas intermedias y el menisco exterior. En esta foto podéis verlo con mas detalle:

Decíamos que los vinos tintos pierden color con el tiempo, los tonos morados, azulados o fucsia –sobre todo en el borde- pasan a ser burdeos o teja. En los blancos sucede lo contrario. Si un vino tiene colores amarillo pajizo, a veces verdosos, estamos ante un vino blanco joven. Cuando tienden a dorados estamos ante un blanco viejo o de larga crianza. Merecen consideración aparte los vinos fortificados, del marco de Jerez por ejemplo. Aquí el abanico es enorme. Las manzanillas son muy claras de color, capa baja, mientras los pedro ximénez aparecen en el extremo contrario, con tonos marrón oscuro, caoba, capa alta. A mitad de camino los palo cortado. Aquí podéis verlo:

En los rosados es más difícil obtener pistas de su antigüedad o composición a través del color. En general los tonos más intensos -rosa, fresa- suelen ser de rosados jóvenes, pero no siempre. Hay rosados recién salidos al mercado que tienen tonos salmón o rosa pálido, en función del tiempo que el mosto ha estado en contacto con la piel durante la fermentación.

Son poco frecuentes, pero también existen los vinos naranjas, orangewines. Son vinos de variedad blanca que se vinifican como tintos, se dejan fermentar con los hollejos –piel- y cogen un tono a mitad de camino entre los blancos y los rosados. Tienen muy poca cuota de mercado.

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