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Largo en boca

Largo en boca es una expresión que define una característica muy importante en el vino. Tiene que ver con el gusto, con los sabores. Un vino solo puede ser grande de verdad primero si envejece bien, si es capaz de mejorar con el tiempo en botella. Yo diría que un mínimo de diez años. Y dos, si es largo en boca.

Para definir este concepto vamos a detenernos en lo que sucede nada más entrar el vino en la boca y lo que sucede segundos después de tragarlo. Si nosotros tomamos un sorbo y el vino inunda la boca completamente de sabores, llegando a percibirse desde el principio de la lengua al paladar, estamos ante un vino largo. Hay veces que las sensaciones llegan incluso a la parte baja de la nariz, junto a las encías. En cambio en otras ocasiones tomamos el vino y por mucho que lo intentemos los sabores se quedan en la primera mitad de la lengua, o incluso en la punta. Estaríamos ante un vino corto en boca.

Si nosotros tomamos un sorbo y el vino inunda la boca completamente de sabores, llegando a percibirse desde el principio de la lengua al paladar, estamos ante un vino largo.

El segundo factor a tener en cuenta es el tiempo que los sabores perduran en nuestras papilas. Si varios segundos después de haberlo bebido todavía quedan matices es prueba inequívoca de que el vino merece la pena, y también podemos concluir por esta característica que es largo en boca. Generalmente los dos factores van unidos, es difícil que un vino inunde la boca y luego sus matices escapen rápido. Además, los vinos largos en boca dejan casi siempre sensaciones agradables y no demasiado agresivas.

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