¿Me enseña el corcho?

Vamos a un restaurante y elegimos un vino. El sumiller nos va a mostrar el corcho, pero si no es el caso -porque no hay sumiller o no nos lo enseña, muy poco probable esto segundo- lo debemos pedir. Un cliente que quiere analizar el corcho sabe lo que hace. Nos va a dar dos pistas importantes: si el vino está bien conservado y si hay una posible contaminación. Cuando escuchamos “este vino tiene corcho” significa que el tapón puede estar enfermo, atacado por el temible TCA o Tri-clora-nonisol,un compuesto que invade el olor y el sabor del vino y que se instala en el corcho al ser atacado por hongos, levaduras o bacterias. Lo primero que debemos hacer es oler el tapón. Si huele a vino es buena señal; si huele a corcho o a humedad casi seguro habrá contaminación.

También podemos deducir si el vino ha estado bien conservado. Cuando en la zona exterior del tapón, en la parte mas alta de la botella, vemos restos de vino por encima del corcho, o un hilito que suele estar como pegado al vidrio por fuera, hay que beberlo de inmediato porque significa que el corcho ha dejado de sellar. El vino o está malo o lo va a estar en días o semanas. Y si lo observamos en un restaurante es motivo -sin duda- para devolver la botella. Para que todo esté bien el color del vino debe invadir el corcho de manera uniforme, como si con un rotulador marcáramos una circunferencia en la parte exterior del tapón en sentido horizontal. En esta foto lo veréis con detalle.

Si en cambio el color del vino aparece de forma irregular y en sentido vertical, invadiendo en zig-zag el tapón, algo ha fallado en la conservación del vino. Como en este caso:

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