Un juego para los blancos

Vamos a hacer una prueba. Cogemos dos copas. En una servimos el vino blanco o espumoso a la temperatura habitual para vosotros, como os gusta. En otra dejamos el mismo vino quince minutos para que coja temperatura, hasta llegar a unos 17 grados, como si fuera un tinto. Veréis que el sabor y los aromas son absolutamente distintos. En la segunda copa es más fácil descubrir los defectos de un vino blanco o espumoso, cuando la temperatura supera los 12 grados aproximadamente. El vino queda desnudo. Mucha gente se pregunta y nos pregunta: ¿cómo puedo diferenciar un vino bueno de otro malo? Pues este es un método que elsaUcacorchos utiliza a menudo, dentro de que el vino es siempre algo personal. Os invitamos a hacer un esfuerzo por tomar los vinos blancos, cavas o champagnes a una temperatura en torno a los 8-9 grados. Pocos meses después empezaréis a distinguir mejor lo que os gusta y lo que no os gusta.

Os invitamos a hacer un esfuerzo por tomar los vinos blancos, cavas o champagnes a una temperatura en torno a los 8-9 grados

Pero es muy frecuente meter la botella en una cubitera y dejarla allí toda la comida. Incluso muchísima gente dice. “No, yo lo quiero más frío, casi helado”. Es, sin duda, una mala decisión. Por debajo de determinada temperatura –que pueden ser los 6-7 grados- el alcohol casi no se nota. Empiezas a beber y crees que tomas un refresco, pero en realidad es una bebida de un 11-12 por ciento de concentración alcohólica, el triple que una cerveza. Eso sin contar que, como ya hemos dicho, los vinos buenos y los menos buenos se igualan, al anularse una parte de las características organolépticas.

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