Temperatura

Pocos factores influyen tanto al tomar un vino como la temperatura. Una de las hipótesis innegociables en elsaUcacorchos es que el vino es para degustar y el agua o los refrescos para quitar la sed. Si aplicamos esto a una comida o una sobremesa, nunca hay que beber el vino muy frío porque ayudará a que lo tomemos para quitar la sed. Peligroso para la salud, muy peligroso si se va a conducir o alguna otra actividad que requiera concentración… y, de paso, un desprecio al vino en cuestión. Por debajo de una determinada temperatura -que varía en función del tipo de vino- los aromas y los sabores se anulan. Es un error muy habitual en los vinos blancos secos y espumosos. En una próxima entrega hablaremos específicamente de ello, pero en general podemos decir que tomarlos demasiado fríos –los blancos- beneficia a los de mala calidad y perjudica a los de más calidad.

Por debajo de una determinada temperatura -que varía en función del tipo de vino- los aromas y los sabores se anulan.

También sucede lo contrario, si se beben demasiado calientes el alcohol invade el resto de matices. Es muy frecuente en los tintos, que con la costumbre de tomarlos a temperatura ambiente –expresión del siglo XIX, cuando no había calefacción- los condenamos a no expresarse de verdad. Como regla general, por encima de los 20 grados el vino está desvirtuado. Y es muy, muy habitual que eso suceda. Calcular la temperatura aproximada no es demasiado complicado, solo cuestión de práctica y de memoria. Para entrenarse son muy útiles unos termómetros adhesivos que se colocan en el exterior de la botella o la copa. Son baratos, se pueden llevar en un bolsillo o la cartera y nos ayudan a calcular este valor tan importante para disfrutar adecuadamente un vino.

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